Aldabas en Totana. Un paseo por las calles nos permite comprobar cómo se conserva en algunas viviendas este tradicional elemento que servía para llamar a la puerta. (Por María José Valenzuela Cánovas)

Aldabas en Totana. Un paseo por las calles nos permite comprobar cómo se conserva en algunas viviendas este tradicional elemento que servía para llamar a la puerta. (Por María José Valenzuela Cánovas)
Aldabas en Totana. Un paseo por las calles nos permite comprobar cómo se conserva en algunas viviendas este tradicional elemento que servía para llamar a la puerta. (Por María José Valenzuela Cánovas)
Aldabas en Totana. Un paseo por las calles nos permite comprobar cómo se conserva en algunas viviendas este tradicional elemento que servía para llamar a la puerta. (Por María José Valenzuela Cánovas)
Aldabas en Totana. Un paseo por las calles nos permite comprobar cómo se conserva en algunas viviendas este tradicional elemento que servía para llamar a la puerta. (Por María José Valenzuela Cánovas)
Aldabas en Totana. Un paseo por las calles nos permite comprobar cómo se conserva en algunas viviendas este tradicional elemento que servía para llamar a la puerta. (Por María José Valenzuela Cánovas)

Pasear por las calles de Totana es encontrarse con un elemento característico de las puertas de antaño, las aldabas, pero que aún conservan algunas viviendas tradicionales. Un acercamiento a estos elementos permite ver la diversidad de estilos y motivos. Caminamos por las calles de Totana sin observar muchos detalles relativos a la cerrajería artística.

Si nos detenemos y las miramos, comprobaremos que tenemos un museo en las puertas de las calles, me refiero a las aldabas, verdaderas obras de arte que crearon los herreros (maestros fundidores). Quedaría en la memoria de la vida si no fuese por los derribos de las viviendas que lo contienen.

Aldaba es una palabra que proviene del árabe andalusí “ad-dabbah. Las primeras aldabas en la Edad Media consistían en pequeños martillos suspendidos de las puertas por la parte exterior. En un principio eran poco más que una argolla o un aro de hierro unido a una cabeza de bronce, algunas eran figuras grotescas o mitológicas, cabezas de león, grifos, de águila… para ahuyentar a los malos espíritus, muy representados en la edad Media y Moderna. Solían ser comunes en los portones de las casas para llamar, siendo escuchado el ruido en cualquier punto de la vivienda dado el buen sonido de las mismas, ya que suelen ser de metal, especialmente hierro.

Las aldabas han dejado de utilizarse porque en las construcciones modernas no son necesarias al generalizarse el timbre y solo nos queda el recuerdo adherido a las puertas que todavía las mantienen.

Este tipo de elementos decorativos suelen ser de hierro, hecho por herreros, una mezcla de trabajadores del metal y escultores, oficio y arte venido a menos ya que la mayoría se confeccionan en fábricas que recuerdan las primeras aldabas, aunque han perdido el encanto de la transformación manual, ardua, difícil y de elevado coste, pues este metal hay que trabajarlo al rojo vivo y a base de martillazos para darle la forma deseada. En España se conservan todavía puertas de iglesias y casas señoriales con notabilísimos ejemplos de aldabas y aldabones, muchos de ellos de significativo valor artístico.

La forma más antigua y también más usual fue la de argolla suspendida por una anilla o una cabeza de león o grifo que se destaca en el centro de una placa circular o en el vértice de un cono cuya base está sobre la puerta.

Las aldabas medievales fueron importantes, durante el Renacimiento podemos admirar las más artísticas, sin duda debido a la exquisitez diseñadora de la época, que junto con el Barroco son las dos etapas históricas de mayor interés en los diseños arquitectónicos, pues el amor por las artes fue el denominador común de las dos épocas. Su diversidad nos habla del poder adquisitivo de los propietarios de las viviendas.

 En las casas palaciegas sus aldabas suelen ser fabricadas con artísticos trabajos de forja, muchas de ellas son verdaderas obras de arte. Es interesante comprobar las que se produjeron en la etapa de final del siglo XIX y principios del XX por los arquitectos del Modernismo.

 La cesión de Totana a la Orden de Santiago la diferencian de otras localidades murcianas en cuanto a lo constructivo. Mientras que en Lorca, Mula, Jumilla, Cehegín y otras localidades hubo nobles que construyeron palacios o casas palaciegas, en nuestra ciudad la única nobleza era la Orden de Santiago, de ahí que la única casa notable fuera la desaparecida Encomienda de dicha Orden. Las casas de cierta importancia son todas de principios del siglo XX, las correspondientes a familias de agricultores acomodados, sin embargo, se echa de menos el tronío palaciego. El único edificio totanero con diferente factura quizás sea la casa del General Aznar, en la calle Vidal Abarca. En todos esos domicilios podemos encontrar aldabas de cierta importancia que nos hablan del poder adquisitivo de sus propietarios. Merece la pena hacer un recorrido por nuestras calles del centro y contemplar esas edificaciones con sus peculiares aldabas, diversas en forma y atractivamente artísticas. Podríamos aplicar el refrán: “De tal casa, tal aldaba”.

Son dignas de mentar construcciones con aldabas en sus puertas, entre otras, en la Calle Mayor Sevilla como la casa de Gregorio Parra, y las de al gunas otras vías como Alférez Crespo, la calle Santiago, en la que podemos admirar una en el primer tramo, llegando a Cañada de Zamora, que pertenece a los herederos del doctor Sánchez Cabrera.

La calle Mayor Triana tiene puertas interesantes: la del final a la derecha, una casa recientemente restaurada con dos puertas provistas de unos distinguidos herrajes de nueva factura. Al igual que un ramo de flores de hierro, que emerge de esa misma fachada, hecho por dos artistas, David Durán y Noemí Arnao, que firman sus obras mezcla de escultura y herrería, con el nombre de Art-Nao. En definitva, cuando recorramos sin prisa las calles de nuestro pueblo, bien merece que nos detengamos unos minutos a admirar las aldabas, estos elementos que se encuentran en algunas puertas y con el paso del tiempo desde sus orígenes, fueron cayendo en desuso.