Cati Sara López: creciendo con la música “Entiendo la música como una escuela. Es aprendizaje continuo y un estilo de vida”
Cati Sara López Campos es una joven totanera de 32 años que ha conseguido hacer de su pasión, la música, su profesión. Sus padres les inculcaron a ella y sus hermanos el gusto por la música clásica, que recuerda llevaban siempre puesta en el coche. Actualmente trabaja en la Fundación Atrio Cáceres, al tiempo que sigue ofreciendo, aunque ya de manera más contada, conciertos de clarinete por España y el extranjero.
¿Dónde estudiaste en Totana y qué recuerdos tienes de tu infancia aquí?
Estudié en el colegio Tierno Galván y posteriormente en el instituto Juan de la Cierva y Codorniú. Mi infancia, la recuerdo muy feliz y familiar.
¿Desde cuándo y cómo comenzó tu formación musical?
Comencé el grado elemental de música cuando tenía 9 años, en la Agrupación Musical de Totana. Por entonces, tanto mis hermanos mayores como mis primos y yo, recibíamos clases de solfeo. Ceferino Ayala fue mi primer profesor de lenguaje musical. Dos años después de iniciar las clases de solfeo, la Agrupación Musical me proporcionó el clarinete y así fue como comencé a recibir clases de instrumento bajo la tutela de María Andanuche.
¿Cuándo decidiste que querías ser músico profesionalmente hablando y por qué?
Después del elemental, al comenzar el grado profesional en el conservatorio Narciso Yepes de Lorca, fue ahí donde decidí que quería ser músico profesional. Estudiando descubriría sinfonías de Wagner, Beethoven o Mahler, me apasioné por la música clásica y soñé un futuro en que tocaba en una orquesta todas estas obras.
¿Cómo has completado tu formación y cuál ha sido tu trayectoria profesional hasta la fecha?
Conseguí el grado elemental en Totana, el profesional en Lorca y, finalmente, me titulé en el Conservatorio Superior “Salvador Seguí” de Castellón, en la especialidad de Clarinete. Conocer allí a Juan Esteban Romero, mi profesor, fue una experiencia capital.
Su forma de transmitir sus conocimientos, tan entusiasta, y de apoyarme para alcanzar mi sueño de tocar en una orquesta fueron claves para enamorarme de todo lo que tiene que ver con la música. De ese impulso llegué a Viena, para un diplomado de interpretación musical. Una vez allí instalada, a mitad de curso, tuve la oportunidad de entrar en la Orquesta Viena Imperial Filarmónica, con la que en varias giras recorrí muchos países de Europa y Asia, como solista. Paralelamente a los estudios, con mis amigos músicos creamos la Asociación Cultural Con Forza para dar conciertos por la Región de Murcia.
En suma, tocar en todos estos proyectos musicales y en tantos escenarios fue un sueño cumplido para mí, pero después de cinco años con la orquesta y con los grupos de música de cámara sufrí uno de los reveses más grandes en mi vida, justo en el momento más alto de mi carrera: un problema de salud afectó a los nervios de mi boca y labio, imposibilitándome tocar con regularidad.
Los médicos en España descartaron una distonía y aún hoy es un problema médico sin diagnóstico. No podía tocar el clarinete y no sabía por qué, ni cómo solucionarlo. Mi carrera musical paró en seco, pero incluso en esas condiciones me esforcé para volvera subirme a los escenarios.
Sin embargo, ahora pienso que este cambio de vida tan repentino fue, probablemente, una de las mejores cosas que pudo pasarme, porque descubrí otra faceta.
Al compartir esta historia con mis compañeros de la asociación volví a conectarme con el mundo de la música clásica, pero de diferente forma. En vez de tocar en los conciertos de Con Forza, ahora me tocaba organizarlos. Así comenzó mi segunda experiencia capital en mi trayectoria: la organización y gestión de eventos culturales; como presidenta de la asociación, cambió mi vida.
Me apasionó de una forma que antes no sentí. Decidida, completé un máster de Gestión Cultural en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), además de unas prácticas en el departamento de Gestión Cultural del Instituto Cervantes de Viena y fundé, junto a Fernando Zonda y Felipe Medina, la Orquesta Iberoamericana de Viena, una orquesta apoyada por las veintidós embajadas iberoamericanas residentes en Austria.
También en Viena organicé varios proyectos para el desarrollo y transformación social para la ONU y la UNESCO, a través de conciertos de música de cámara, por los que fui seleccionada por su presidente, Peter Haider, para el título de Embajadora de la Paz.
Los pasos más recientes en esta andadura son unas prácticas en la Orquesta de Extremadura, para un postgrado de Cooperación y Gestión Cultural Internacional en la Universidad de Barcelona. Pude conocer de primera mano en su día a día la profesionalidad de una orquesta en España al más alto nivel, pues en la OEX he disfrutado mucho aprendiendo sobre gestión cultural en esta región, desde sus instituciones.
En la actualidad estoy inmersa en el máster MBA de Administración y Dirección de Empresas del sector cultural, en la Universidad Europea Miguel de Cervantes.
Tu pasión por la música como has comentado te ha llevado a embarcarte en proyectos como la asociación Con Forza, que ya lleva varios años de trayectoria.
¿Cómo lo valoras?
Para mí ha sido un punto de inflexión en mi vida profesional, donde he podido explorar una nueva oportunidad en el mundo de la música clásica. Me ha permitido crecer tanto personal como profesionalmente.
Desde 2016 realizamos acciones muy especiales, como la creación de una orquesta sinfónica para dos proyectos, varios ciclos de música de cámara por Totana, Alhama, Cartagena y otras localidades de la comarca, conseguimos que se asienten el concierto de verano en La Santa de Totana y el concierto de Año Nuevo en el Centro sociocultural La Cárcel. En definitiva, estoy orgullosa del equipo que formamos y de todo lo logrado, porque Con Forza se ha convertido en una plataforma para llevar la música clásica a la Región de Murcia.
¿Tienes algún referente musicalmente hablando?
Muchísimos, es difícil elegir cuando la música te apasiona. Martin Fröst, Pablo Heras-Casado, Jacqueline du Pré, por mencionar algunos. También empiezo a tener referentes en la gestión cultural, como Antonio Moral, director del Festival Internacional de Granada. Actualmente trabajas como coordinadora musical en la Fundación Atrio Cáceres,
¿en qué consiste tu labor?
Diseño y planifico los proyectos musicales que se abordan en la Fundación. Tenemos varios proyectos, uno de ellos se propone conseguir que todos los niños de Cáceres de cuatro a seis años reciban clases de música creativa gratuitas, puesto que ésta tiene un impacto significativo en su desarrollo cognitivo, emocional y social. Has pisado emblemáticos auditorios, pero
¿actuar en Totana supone algo especial?
Actuar en concierto en Totana siempre es especial para mí. Es una ocasión única para compartir con mi gente lo aprendido y desempeñado en otras ciudades como Viena o Cáceres, en las que he desarrollado mi carrera.
Entre todos los conciertos que he realizado aquí, destaco uno como verdaderamente significativo para mí: fue un honor el concierto en la Iglesia de la Santa de Totana junto con mi grupo de música de cámara International Youth Ensemble (IYE), en el que también participó mi hermano Pedro y estaba organizado por la asociación.
La sensación de tocar con mi hermano, con mis compañeros y rodeada de mi gente, es algo indescriptible. Este concierto lo recordaré siempre con cariño y orgullo. Has viajado y residido por tu profesión fuera de Totana,
¿qué es lo que más se echa de menos al pasar fuera largas temporadas?
Aunque he vivido en Castellón, Viena y Cáceres, tuve la suerte de volver a Totana muy a menudo. Cuando no he podido regresar en Navidad u otras fechas señaladas por alguna gira, sí que pienso que me gustaría estar en mi verdadero hogar, que es Totana, con mi familia y con mi gente.
¿Qué es lo que más te gusta hacer cuándo estás en Totana?
Disfruto pasando tiempo con mi familia y reencontrándome con mis amigos de siempre.
¿Qué rincones o parajes de Totana te gustan especialmente?
El Santuario de La Santa es, sin duda para mí, uno de los rincones más bonitos y encantadores de Totana. Los conciertos de verano de la Asociación Con Forza se hacen allí, porque, para mí, es un sitio muy especial, no solo por la belleza que le caracteriza sino, además, por los momentos que he vivido en La Santa.
¿Sueles participar habitualmente en sus fiestas y tradiciones?
Desde pequeña me han gustado mucho las fiestas de Totana, sobre todo la Semana Santa y la Pascua, pero muchas veces me las perdí por compromisos musicales. El año pasado pude disfrutar entera de la Semana Santa totanera y lo pasé muy bien. Creo que esta es mi fiesta y mi fecha favorita. Al final,
¿qué significa la música para ti?
Entiendo la música como una escuela. Es aprendizaje continuo y un estilo de vida para muchos músicos y amantes de la música. Da estímulo y satisfacción a la par. De ella he aprendido a ser disciplinada, rigurosa y resiliente. El buen músico persevera y por eso creo que ha sido y es una fuente de crecimiento personal.
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