El fascinante legado del Sanatorio de Sierra Espuña

El fascinante legado del Sanatorio de Sierra Espuña
El fascinante legado del Sanatorio de Sierra Espuña
El fascinante legado del Sanatorio de Sierra Espuña
El fascinante legado del Sanatorio de Sierra Espuña
El fascinante legado del Sanatorio de Sierra Espuña
El fascinante legado del Sanatorio de Sierra Espuña

Un edificio lleno de historias, misterios y cuentas pendientes. El hoy deteriorado Sanatorio de Sierra Espuña busca reivindicarse ante su abandono y quienes han vandalizado su valor histórico.

Entre el silencio de Sierra Espuña y el eco de sus leyendas, el antiguo sanatorio de El Berro (Alhama de Murcia) se desmorona mientras espera una segunda vida que nunca parece llegar.
Construido para combatir la tuberculosis, el edificio ha pasado de hospital a escuela, albergue y escenario de mitos paranormales, hasta quedar hoy en ruina y con el acceso prohibido por riesgo de derrumbe. A pesar de su valor histórico y de las iniciativas para recuperarlo, el abandono, el vandalismo y la falta de inversión mantienen en suspenso el futuro de uno de los enclaves más singulares de la Región de Murcia.
El sanatorio de Sierra Espuña fue un complejo sanitario que ofrecía asistencia a pacientes afectados por tuberculosis entre los años 1935 y 1962. Y, si bien es cierto que el término ‘sanatorio’ ha quedado grabado en la mente colectiva, este enclave también se utilizó para fines bien distintos en las décadas posteriores.
Sirvió como escuela hogar, como refugio para colonias vacacionales y hasta como albergue juvenil. El famoso edificio se encuentra en la pedanía de El Berro (Alhama de Murcia), y, hoy en día, el acceso se encuentra prohibido ante
el alto riesgo de derrumbe que presenta.
De hecho, su estado de conservación se cataloga como ruina. El sanatorio de Sierra Espuña está incluido en el PGMO (Plan General Municipal de Ordenación) del Ayuntamiento de Alhama, con un grado de protección de nivel 2. Y es que no solo el paso del tiempo ha deteriorado el aspecto general del sanatorio, sino que los actos vandálicos también han dejado una gran y lamentable huella sobre el edificio. A raíz de su cierre en 1997, este sanatorio ha sido visitado constantemente por entusiastas de los fenómenos paranormales. Con algunas de sus incursiones, han contribuido a que el edificio haya sido expoliado. Y, a pesar de que se encuentra vallado, este no ha dejado de recibir visitas en sus entrañas. Esto es, siguen produciéndose visitas no autorizadas por personas que incluso fuerzan las vallas. Pero, aún con todo ello, se cree que puede reconstruirse y emplearse para otros fines.
Tal es así que iniciativas como ‘la lista roja del patrimonio’ (una iniciativa de la Asociación Hispania Nostra), incluye al sanatorio con el fin dar a conocer y proteger su historia y legado ante el riesgo que supone su abandono.
La estructura del edificio se compone de tres alas de dos alturas, más el sótano.
Con el paso de los años, se fueronañadiendo una casa para el conserje, un depósito de cadáveres, velatorios, un acueducto para recoger agua del deshielo, entre otras construcciones simbólicas.
Destaca también una escultura de Cristo de cara a la fachada principal.
En su interior (y dado el carácter sanitario del edificio), se hizo especial énfasis en que las paredes de las habitaciones fueran pintadas para facilitar su lavado y desinfección. Además, se cuidaron detalles como la pavimentación
del suelo (baldosín de cemento de colores lisos y sin ángulos ni molduras que pudieran retener suciedad). Incluso los ángulos de las habitaciones se redondeaban con el mismo propósito.


HISTORIA Y ETAPAS ACTIVAS DEL EDIFICIO
La historia del sanatorio de Sierra Espuña no es otra cualquiera. Desde que fue concebido, podemos identificar hasta 5 etapas dentro y fuera de sus paredes, siendo la original poder aislar y auxiliar a las personas que sufrían de tuberculosis.
Se trata de una enfermedad contagiosa que se propagó especialmente a comienzos del siglo XX por el sureste de España. Esta eventualidad, provocó la preocupación de las autoridades de la Región de Murcia, que idearon la construcción de este centro junto al impulso del diputado Isidoro de la Cierva (abogado, notario y político español), quien fue el encargado de localizar la parcela más idónea para levantar el sanatorio.
Fue en enero de 1916 cuando el paraje de La Perdiz (en Alhama de Murcia) fue elegido como el enclave perfecto.
Al año siguiente, en 1917, el arquitecto Pedro Cerdán (que también dejó su impronta en otros edificios singulares de Murcia como en la Casa del Reloj en San Pedro del Pinatar o el Casino de Murcia) formuló el proyecto para que
la obra tomase forma.

Su construcción no fue coser y cantar, ya que las inclemencias del invierno y la falta de fondos obligaron a detener las obras en varias etapas. Al final, en noviembre de 1931, el Estado asumió definitivamente su propiedad e inyectó el dinero necesario para que el trabajo concluyera.
Por tales motivos, no fue hasta el 17 de noviembre de 1935 cuando se produjo la inauguración del sanatorio de tuberculosos y cuando se empezaron a trasladar los enfermos. El hospital contaba con cerca de doscientas camas y, en
varias ocasiones, llegó a estar al límite de ocupación.
En la planta superior se ubicaban los enfermos más graves, mientras que en la planta baja, lo hacían los menos graves, a quienes se les permitía dar paseos por la sierra y ser visitados por los familiares.
Tristemente, la mayoría acababa subiendo a la planta alta y muriendo tras una larga agonía. Una vez por semana, subía en carro el sepulturero del cementerio de Alhama a recoger los cadáveres para darles entierro.

EL DESCUBRIMIENTO QUE LO CAMBIÓ TODO
14 años después, en 1949, ocurre algo que cambiaría la suerte de los pacientes y la misión del edificio: el descubrimientode la estreptomicina. Este antibiótico  permitió dar el alta a gran número de personas y en 1962 el sanatorio
fue clausurado. Y, en ese mismo año, el Ministerio lo declaró como “no rentable” a causa de los elevados gastos de manutención. Sin embargo, pronto se le encontraría un nuevo y próspero uso.
En 1965 (y hasta 1982) el centro deja de ser un hospital para constituirse como una escuela hogar de educación primaria. El objetivo no era otro que solucionar el problema de escolarización de aquellos niños/as que vivían en lugares aislados de los núcleos urbanos.
Los alumnos/as permanecían en el centro durante las 24 horas, volviendo a sus casas solo en los periodos de vacaciones escolares. Se estima que pasaron por sus aulas más de 1.000 alumnos.
De forma complementaria a su misión como centro académico y residencial, llegó a emplearse para acoger a colonias vacacionales estivales (cuando los alumnos regulares disfrutaban de sus vacaciones) con el ánimo de proporcionar a los niños sin recursos un aire puro y alimento sólido en compañía de maestros. Este cometido se prolongó durante 17 años en los que se alojaron en el edificio más de 7.600 jóvenes.
Ya en su recta final como espacio útil, en 1985 la comunidad autónoma apostó por restaurar parcialmente el edificio.
Así se utilizó como albergue juvenil, pero apenas tuvo afluencia. De hecho, los pocos jóvenes que transitaron el lugar durante esta etapa llegaron a declarar que era incómodo e inhóspito. Esta decadencia provocó el cierre definitivo en 1995 y, aunque inicialmente se le puso vigilancia para evitar actos vandálicos, se suspendió en 1997.


INTENTOS DE RESTAURACIÓN Y REHABILITACIÓN
Hace unos meses, la Comisión de Industria, Trabajo, Comercio y Turismo de la Asamblea Regional aprobó por unanimidad la moción presentada por el Grupo Parlamentario Socialista para iniciar obras de reconstrucción y adecuación del histórico edificio, a fin de convertirlo en un centro lúdico y de alojamiento rural.
La diputada del PSOE, Lola Jara, defendió el valor natural, histórico y patrimonial del entorno de Sierra Espuña en el que se encuentra el antiguo sanatorio:
“Este edificio emblemático merece una nueva vida que sea compatible con su valor histórico y su privilegiada ubicación natural”. También subrayó el impulso de asociaciones como los Amigos del Sanatorio-Escuela Hogar, que
desde hace más de una década promueven su recuperación con usos que respeten su identidad y potencial turístico.
Isidoro de la Cierva (1870-1939) [Wikipedia]. 

Dicha asociación, formada por un grupo de personas totalmente hermanadas desde su etapa como alumnos/ as, contribuye notablemente a defender el legado y utilidad del que fuera su hogar. Es más, con la meta de hacerse escuchar, abren las puertas de la asociación a todo aquel que desee aportar su granito de arena por sentirse, de alguna manera, identificado con el edificio.
En 2021, en una entrevista a Totana Noticias, varios miembros fundadores afirmaban sentir tristeza y rabia al ver el estado del recinto. Incluso, llegaban a preocuparse de que fuera recuperable.
Por desgracia, aunque la moción fue aprobada por la Asamblea Regional de Murcia, en los presupuestos de 2025 del Parque Regional de Sierra Espuña no se contemplaba ninguna partida económica para su rehabilitación.
Por si la historia del Sanatorio de Sierra Espuña no fuera ya de por sí fascinante, han surgido también ciertos mitos y leyendas relacionadas con supuestos eventos paranormales. Desde murmullos y quejidos de los enfermos que estuvieron allí, hasta personas que afirman haber visto la figura de una chica vestida de blanco que se pasea por el sanatorio.
En el año 2013, un grupo de estudiantes de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Murcia, realizó un reportaje titulado ‘La Leyenda de Sierra Espuña’.
En este documento, recogían algunos testimonios de personas que han tenido relación con el lugar. Por ejemplo, una veraneante de El Berro ofreció un testimonio anónimo en el que contaba cómo logró grabar con un MP3 una psicofonía (sonidos de origen electrónico sin una fuente clara) en la azotea, donde había una buhardilla con documentación médica. Al margen de las voces del grupo que se infiltró allí, se capturaron voces que, a juicio de la testigo,
decían “fuera de aquí, no toquéis eso”.
En añadidura, los alumnos, durante su trabajo de grabación de recursos en el sótano, capturaron una voz que supuestamente decía reiteradamente la palabra “silencio”.
Pero si hablamos sobre historias sorprendentes y difícilmente explicables en el antiguo sanatorio, hay una que sobresale por encima del resto. Los protagonistas de esta historia son, nada más y nada menos, soldados de la base
militar paracaidista de Alcantarilla. Esta pequeña patrulla se encontraba realizando maniobras por la zona y decidió cobijarse inocentemente en una habitación de la primera planta del edificio.
A pesar de su buena fe, mientras la mayoría dormían, el responsable de hacer guardia observó una silueta extraña, que describió como “una niebla traslúcida con forma de mujer”. Ante tal asombro, este hombre apuntó con el
fusil y abrió fuego. Las balas traspasaron como si nada “al fantasma”, que acto seguido se desvaneció delante de sus ojos.
Tal fue la sorpresa, que el grupo decidió abandonar su estancia rápidamente, olvidando incluso sus pertenencias.
Regresaron, pues, al día siguiente, acompañados de otros compañeros, policías y forestales.
Por otro lado, Miguel García (pinche que daba agua a los obreros que cortaban leña), dice que nunca jamás escuchó nada extraño sobre aquel sanatorio. Tanto es así, que el antiguo conserje y él han compartido risas por la imaginación de la gente. Lo que parece que no es un mito es que, en su interior, se han llegado a hacer fiestas nocturnas, rituales satánicos o incluso que ha servido a varios como casa ocupada.
Más allá de la veracidad o falsedad de tales mitos, desde la Asociación de Amigos del Sanatorio-Escuela Hogar de Sierra Espuña, piden respeto al edificio. Ellos, que han pasado día y noche allí durante años, afirman con rotundidad que no hay fantasmas ni fenómenos paranormales. Y por eso, no merece la pena poner en riesgo la salud de nadie. Porque, para ellos, el misterio es cómo se ha conseguido abandonar algo así, y no las historias de supuestas
apariciones de “la dama blanca”.
Con el paso del tiempo y entre promesas incumplidas, el sanatorio sigue atrapado entre la memoria y el olvido.
Mientras su estructura se deteriora, la verdadera incógnita ya no es si alberga misterios, sino si aún queda voluntad para rescatar su historia antes de que desaparezca para siempre.