El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.

El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.
El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.
El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.
El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.
El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.
El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.
El Tirol. Cocinando a lo grande desde hace varías décadas.

Totana es una tierra rica gastronómicamente hablando con establecimientos de hostelería, ahora y en épocas pasadas, reconocidos y apreciados. Entre ellos, El Tirol ha sido capaz de llevar su cocina a diferentes puntos de España e incluso el extranjero, desde donde demandan sus creaciones gastronómicas sobre todo por su peculiaridad de cocinar para numerosos comensales.

Ahora que se acercan las fiestas de Santa Eulalia volverán a hacer gala de esa cocina multitudinaria y no faltará ni el 8 de diciembre ni el 7 de enero el tradicional reparto de caldo a las puertas del restaurante de la carretera de La Santa para lo que se afanarán en preparar litros y litros. El Tirol tiene su origen en Juan Vivancos y Ventura Cánovas, un matrimonio totanero que allá por 1968 decidió abrir su primer establecimiento, en lo que hoy es la avenida Juan Carlos I (nacional 340 a su paso por Totana), a la altura del barrio Tirol Camilleri. Juan Vivancos trabajaba por aquellos años haciendo pozos pero un accidente le hizo plantearse otras salidas laborales y fue cuando decidió abrir junto a su esposa El Tirol, una aventura a la que se lanzaron con ilusión pero sin ninguna experiencia en el mundo de la hostelería, tal y como relata su hijo mayor, Fernando.

Al principio se trataba de un bar pequeño en el que, eso sí, desde el primer momento se ofrecían comidas y en el que se especializaron en cocinar pollos asados, algo que funcionó muy bien y se hicieron con una clientela fiel. Como curiosidad, Fernando recuerda que cuando sus padres comenzaron, el menú popular que incluía pollo, ensalada, litro de cerveza y pan costaba 85 pesetas.

El buen ritmo del negocio les llevó a comprar un huerto grande por la carretera de La Santa, donde abrieron su segundo local, al que llamaron El Tirol II y que era más tipo merendero y donde también se servía pollo y carnes a la brasa. En ambos negocios estaba implicada toda la familia, tanto Juan y Ventura como sus cinco hijos, que desde bien pequeños sabían lo que era ayudar en el negocio familiar, como camareros, recogiendo vasos, limpiando… De hecho, ambos negocios funcionaban al mismo tiempo y Fernando recuerda que su madre estaba al frente de uno y su padre se encargaba de atender el otro.

 El negocio fue evolucionando e incorporando nuevos platos, paellas… y diversificándose haciendo también celebraciones y servicio de catering. Pero si por algo es conocido El Tirol es por su cocina multitudinaria, algo que surgió un poco casi como por casualidad, explica Fernando. En este sentido, señala que el origen fue en su propia boda, un 30 de enero de hace 37 años, cuando su padre pensó que para el banquete nupcial, al que iban a asistir alrededor de 800 personas, se podía cocinar una paella gigante.

Hasta entonces en El Tirol ya habían hecho paellas grandes, pero para algo más de cincuenta comensales, por lo que dar de comer de una misma paella a varios centenares de personas y en un día tan importante, era sin duda todo un reto. La experiencia salió bien y aquello llamó la atención, de manera que desde el Ayuntamiento les contrataron también para hacer otra paella gigante en un día señalado, y ya la fama se fue extendiendo a otros municipios, en los que también fueron contratándoles para eventos y festejos en los que había que dar de comer a muchas personas, no sólo en la Región de Murcia sino por toda España.

La paella más grande que han elaborado la hicieron en Sanlúcar de Barrameda para 10.000 personas, explica, una experiencia que les obligó a construir una paellera gigante pues las más grandes que ellos tenían eran de 5 metros de diámetro y permitían cocinar “sólo” para unas 4.000 o 5.000 personas máximo, por lo que se las tuvieron que apañar para hacer una superior. Además de en España han llevado su cocina a lo grande a diferentes lugares del extranjero como Portugal, Francia o Italia.

Y aunque empezaron con paellas, también elaboran tortillas gigantes, migas, calderos, barbacoas, roscones de reyes… De hecho, ya tienen cerrados prácticamente todos los próximos fines de semana con eventos, entre ellos, la elaboración de un roscón de reyes gigante de 800 o 1.000 raciones para el municipio alicantino de Hondón de los Frailes. En la actualidad, los restaurantes solo abren para banquetes o comidas organizadas, y en El Tirol se dedican más a los eventos masivos en los que les contratan para elaborar comidas gigantes o también a alquiler y montaje de carpas y jaimas.

Entre las anécdotas de estos años dice que ha habido muchas, como las de las personas que no se fían mucho al principio y luego acuden a felicitarles por el trabajo, o algún despiste a la hora de hacer la reserva, que por un error en la fecha, ha dejado a todo un pueblo sin comer. Aunque Juan y Ventura tuvieron cinco hijos, solo tres de ellos, Fernando, Juan Manuel y Alberto, han continuado en el negocio familiar, y con ellos sus propios hijos, que aunque tienen sus propias obligaciones laborales o estudios, se implican en el negocio fines de semana o cuando hace falta.

 Y no se olvidan de sus mujeres, piezas clave y que también están siempre al pie del cañón, recalca Fernando. Ahora que llegan las fiestas de Santa Eulalia, hay una tradición desde hace años que van a seguir manteniendo, el tradicional reparto de caldo a las puertas de El Tirol II en las romerías de bajada y subida. Fue una iniciativa que surgió en 1972, al poco de poner en marcha ese bar, cuando se decidió abrir el 8 de diciembre el negocio para que la gente que esa madrugada subía al santuario para bajar después acompañando a la patrona, tuviera dónde parar a tomarse un café. Su padre, ese año decidió, tras hablar con algún hermano de La Santa de aquella época, preparar un caldo para templar el cuerpo.

Aquello ha acabado siendo una tradición y desde entonces, tanto el 8 de diciembre como el 7 de enero no falta la mesa con la olla de caldo para todo aquel que quiere coger un vaso. El próximo 8 de diciembre se volverá a repetir la escena de la imagen de la patrona parando frente a El Tirol II mientras muchos romeros se acercarán a tomar un caldo, para lo que cada año suelen elaborar alrededor de 100 litros. Para la familia de El Tirol, este es sin duda un momento especial y que les llena de satisfacción, una tradición que nació hace casi cincuenta años y que esperan poder seguir llevando a cabo.

De hecho, Fernando comenta que a veces suben a ver la salida de la patrona de su ermita y luego se bajan para tenerlo todo preparado para cuando pase por delante del restaurante. Y lo mismo el 7 de enero, que cuando ya han repartido el caldo y la comitiva continúa el camino hacia la ermita, recogen y suben ellos también al paraje a disfrutar de la jornada festiva en las inmediaciones del santuario de La Santa.

El Tirol, un negocio con tradición y que, aunque cocina a lo grande, trata de que cada elaboración deje el mejor sabor de boca entre sus comensales. Sin duda, más de cinco décadas en el mundo de la hostelería no puede ser fruto de la casualidad.

 Totana Noticias - Linea Local