El viaje de Paula Ciani hacia el premio CREAMUR en artes visuales: cuatro años de investigación para una obra viva

El viaje de Paula Ciani hacia el premio CREAMUR en artes visuales: cuatro años de investigación para una obra viva
El viaje de Paula Ciani hacia el premio CREAMUR en artes visuales: cuatro años de investigación para una obra viva
El viaje de Paula Ciani hacia el premio CREAMUR en artes visuales: cuatro años de investigación para una obra viva

Paula Ciani, bioartista y doctoranda en Bellas Artes, reflexiona sobre su trayectoria y el papel de la innovación artística plasmada en ‘El esbozo de la espora’, su obra premiada

Abierta y risueña, Paula Ciani, natural de Totana (Murcia), es una chica graduada en Bellas Artes, con un máster en Gestión y Producción Artística y que actualmente realiza un doctorado. Pero más allá de su currículum académico, se define profesionalmente como bioartista. Viste un jersey de punto en color crema. El cuello vuelto estiliza su figura, aportando una nota de elegancia. Su rostro refleja una expresión amable y natural. Su melena larga con tonos miel le confiere un aspecto fresco y relajado. Paula apuesta por un estilo auténtico, sin complicaciones, pero que le favorece muchísimo. Nuestra protagonista acepta dejar a un lado sus utensilios para contarnos su historia.

 A finales de 2025, Paula recogió el premio CREAMUR ‘Edición Murcia 1200’ en la categoría de artes visuales por su obra ‘El esbozo de la espora’. La bioartista afirma que fue todo un reconocimiento a todos los años que ha estado luchando, pero sobre todo, supone una exposición para todos los bioartistas, una corriente tan innovadora como reciente. La palabra ‘bioarte’ comenzó a coger carrerilla entre finales de los años 90 y principios de los 2000, y lo que hace es unir ciencia, tecnología, biología y arte. 

Paula abrazó la vertiente del bioarte por una inquietud de entender el arte en muchísimos ámbitos, que no se limitan a las populares escultura y pintura. Pero no solo fue ese el motivo, sino que también fue fruto de una elección que le ayudó “a entender la vida”. De acuerdo con Paula, “el bioarte me ha hecho replantearme cosas, aprender mucho más no solo de mí, sino del medio que me rodea”. 

Esta idea del arte necesita de otras disciplinas para poder desarrollarse, lo que hace que el trabajo de Paula se traduzca en piezas de gran y variado significado. “El arte necesita a la ciencia y la ciencia necesita también al arte”, responde Paula.

 Sobre el proceso artístico, Paula defiende la investigación que hay detrás de cada obra y el tiempo que eso requiere: “a veces la gente cree que si hacemos una obra de arte es porque nos hemos levantado tristes o alegres y queremos expresarlo. No. Siempre hay una investigación detrás. Y sobre todo, en el arte conceptual”. De hecho, ‘El esbozo de la espora’ ha estado ocupando a la bioartista murciana desde hace cuatro años. Cuatro años donde ha tenido que aprender técnicas propias de biología para plasmar la idea que hoy vemos materializada en un cuadro orgánico. Y son bacterias, hongos y microorganismos (aquello que a veces preferimos no mirar, pero que está presente en nuestra naturaleza) lo que da sentido a esta obra tan original como viva. 

Al preguntar a Paula sobre el mensaje de la obra, destaca temas clave sobre los que nos invita a reflexionar. El primero de ellos se centra en reivindicar la belleza de los microecosistemas y cómo el ser humano interactúa constantemente con lo vivo. En segundo lugar, aparece el tema de la identidad, que va estrechamente ligado al concepto de autoría de una obra. 

Es común que todo trabajo artístico, una vez finalizado, tenga la firma de un artista que presuma de su trabajo como propio. En este caso, Paula Ciani diluye su poder como autora porque no puede controlar del todo la evolución de su obra, pero sí observar cómo va cambiando, aceptando incluso los errores como algo natural.  “Es una obra que cada día va a ser totalmente diferente”, declara Paula. 

  El arte como estímulo del pensamiento

Más allá de este brillante y reconocido trabajo, Paula comenta que el arte siempre ha sido una forma de incomodar, de reivindicar y de plasmar lo que a veces la gente no quiere ver o no quiere decir. Es por ello que invita a los espectadores a acudir a los museos para pensar un poco más y dar cabida a otro tipo de planteamientos. Paula confiesa que le interesa también que el espectador contemple su obra y sienta algo diferente a lo que ella concibió. Se entiende que esta reacción es consecuencia de un contexto cultural, social y artístico diferente y propio de cada persona. Una suma de factores que deriva inevitablemente en toda una suerte de interpretaciones.

 Si se preguntan cómo es un día de trabajo para Paula en la creación artística, ésta reconoce que “se aísla”, ya que le “relaja mucho ver el tiempo, cómo se desarrollan los microorganismos y la vida”, siendo éste un tiempo pausado y tranquilo. Totalmente diferente al que estamos todos inmersos, tan acelerado y caótico.

 Siguiendo con esta idea, Paula reconoce que no dedica mucho tiempo a las redes sociales. Prefiere visitar un museo para encontrar nuevos momentos de pausa, de reflexión y de introspección, también consigo misma. Esta experiencia, que a veces nos puede intimidar, es altamente recomendada por Paula, quien cree que “a veces nos da un poco de miedo estar frente a algo y hablar con uno mismo o estar solo, frente al abismo, ante tus pensamientos”.

 La lucha del artista contra los prejuicios

Sobre el trabajo del artista, como profesión, aún se sigue valorando, según Paula, como algo inferior a otras carreras, sobre todo de la rama científica. “Ese clasismo, por desgracia, sigue existiendo”, reconoce Paula. Y para más inri, Paula se entristece al hablar de que “la gente va mucho menos al museo que generaciones como de la edad de nuestros padres”.

 Pero contra todos los prejuicios, Paula sigue poniendo la ilusión y la creatividad en primer plano, junto a un perfeccionismo que también le caracteriza. Paula desea que no se apague nunca su llama interior para seguir haciendo nuevas cosas.

 Una mirada al horizonte

Poniendo la vista en el futuro, la bioartista de Totana es muy clara: “me gustaría seguir creciendo, llegar a más sitios, seguir haciendo proyectos internacionales y colaboraciones con artistas. Y sobre todo, pues seguir creciendo”.

 En estos momentos, trabaja precisamente con el artista Nicolás de Maya, a quien ha admirado siempre y con quien tiene la suerte de emprender un proyecto. Pero esta oportunidad, de acuerdo con Paula, forma parte de ese crecimiento que anhela. Pero ella va más allá, y no se esconde al decir que le encantaría ser influyente a la hora de atraer al público joven a los museos por la presencia de sus obras.

 Tampoco se cierra las puertas de la investigación artística, motivo por el cuál empezó el doctorado en la Universidad de Murcia. Paula admite que no será fácil, pero que sí sería positivo seguir haciendo sus proyectos artísticos dentro de un entorno académico.

 Como mensaje final, Paula nos ofrece todo un alegato para volver a animar a todas las personas a que vayan a los museos. Invita a acercarse al arte conceptual, pues lejos de los comentarios de la calle que lo tachan de incomprensible, “la realidad es que siempre aprendes algo y te lleva a sentir cosas que necesitamos, como el estar solo y centrar el pensamiento”. 

Paula aprovecha también para reivindicar su forma de ver el arte, porque no todo son pinturas clásicas. El mundo evoluciona, las sociedades y las culturas también. Y con ellas, evoluciona el arte. “Animo a que todos conozcan los museos de arte contemporáneo porque, de verdad, les va a parecer fascinante. No solamente a gente que le guste el arte, sino incluso a gente científica y que le guste otro tipo de cosas”.

Linea Local.

Redacción: José David Fernández Cánovas