En recuerdo a los maestros carpinteros de Totana, a su fecunda y artesanal labor, Jose Andreo Tudela, Jeronimo Martínez Cano, Gines Martrínez Rosa.....( Por Juan Cánovas Mulero)
Una nueva realidad industrial define a nuestros días. En ella se encuentran inmersos creativos artífices de nuestra localidad que, con lúcida capacidad, generan obras de elevada consideración en las que se revelan propuestas precisas para atender las demandas actuales, condicionadas, en gran medida, para dar respuesta a la urgencia del presente.
Pero, además, en estos tiempos, valoramos con especial calidez la técnica concienzuda y meticulosa de carpinteros, herreros, zapateros…, de esas faenas tradicionales que atendían las necesidades apremiantes del hogar, el funcionamiento de utensilios, aparatos, muebles…, produciendo con esmero objetos, herramientas, enseres…
A unos y a otros admiración y homenaje.
Desde esa contemplación, traemos a la memoria el quehacer de algunos de los que podríamos denominar los últimos maestros artesanos.
Sus nombres van ligados a obras llamadas a perdurar, a una manera de ejecutar en la que las piezas se iban forjando pausada y serenamente, infundiéndoles la original impronta de su autor.
José Andreo Tudela (1923-2021), conocido como «José el carpintero», se inició en el contacto con la madera en el taller de Fernando Navarro, en donde durante varios años se ocupó, principalmente, de la construcción de féretros. Después pasó como aprendiz del maestro Ángel Martínez Mulero, que tenía carpintería en la calle General Aznar. En esa relación con su segundo maestro se estrecharon los lazos de afecto y amistad, de tal modo que cuando Ángel, ya viudo de Consolación, enfermó, José y su esposa lo cuidaron como un miembro más de la casa, hasta su fallecimiento en diciembre de 1972. Entonces pasó el establecimiento a propiedad de José, que asumió este compromiso con entrega y dedicación.
En los duros años de la posguerra y décadas posteriores alternó la profesión de carpintero con la de acomodador en los cines Rosa, Español y Plaza los Toros. Esta última responsabilidad la inició
en el tiempo que trabajó con la familia del empresario Antonio Rosa, en el antiguo Salón Rosa, ubicado en la década de 1920 en el almacén frente al convento de los Capuchinos. Por la mañana en
esa nave se preparaba la naranja o la uva para la exportación y por la noche se transformaba en sala de proyección.
Posteriormente, siguió durante bastantes años con Ginés Rosa, al construirse, en 1931, el cine Rosa.
José, buen conversador y amante de relatar las experiencias vividas, desde su trato cordial y cercano, solía contar que, durante los años de la Guerra Civil, siendo muy joven, a menudo se trasladaba en los camiones que pasaban por Totana, hasta Murcia, para recoger los rollos de películas que, principalmente de la productora Cifesa, se proyectaban en los cines de la localidad. Su
labor como carpintero se centró en la elaboración de los materiales precisos para las viviendas (sillas, cocinas, carretones…) y tareas agrícolas (horcas para aventar), atendiendo, igualmente, los requerimientos del Ayuntamiento, pues fue durante años el carpintero de esta institución. Ejecutó manufacturas de carácter decorativo, sobre todo en la etapa final de su quehacer artesanal (marcos para espejos, bastones, zaferos…).
Jerónimo Martínez Cano (1912-1987), conocido popularmente como «el maestro Ratón», inició su aprendizaje en la carpintería del maestro Simón en el Paseo de Las Ollerías. Con quince años abrió su propio oficio en la calle San Juan y, posteriormente, en la calle San Ramón. En ese cometido continuó su hijo Pedro, a lo largo de varias décadas. El trato afable, cordial y cercano de esta familia atrajo la simpatía y el afecto de los vecinos, siendo muy reconocida y valorada, al igual que sus trabajos.
En 1959, este artesano carpintero construyó la mitad de los bancos que se sitúan en la nave principal del templo de Santiago, a la par que tuvo una atención constante en el mantenimiento del edificio parroquial, atendiendo las necesidades que de su oficio se requerían. Construyó también los bancos de la capilla del cementerio y una mesa de altar. Realizó doce bancos para el santuario de La Santa, por encargo del entonces párroco de Santiago, Domingo López Marín, con el que le unía una gran amistad, y por promesa de un matrimonio, del que no llegó a saber el nombre.
La precisión de sus labores acreditó su profesionalidad, pues además de los útiles propios de la carpintería realizaba ebanistería, produciendo muebles de calidad y esmerado remate. Se cuenta
la anécdota de que cuando decidió contraer matrimonio con la que sería su mujer, Antonia López Sánchez, estuvo tres años fabricando el mobiliario de comedor y alcoba del que sería su nuevo hogar. En algunos de estos muebles reprodujo a escala las columnas salomónicas del retablo mayor de Santiago.
Ginés Martínez Rosa (1910-1996), conocido en la localidad como «Ginés el de los muebles», llevó a cabo desde la década de 1940 una importante intervención en la reconstrucción del mobiliario
y enseres en el templo de Santiago, a fin de restaurar los daños sufridos durante el conflicto bélico de 1936-39. En 1944, talló la cruz del Cristo de la Misericordia.
En 1952, compuso la mayor parte del retablo de esta devoción. Por esos mismos años participó activamente en el tallado de varias piezas del retablo de San Antonio de Padua y en su ensamblado
con materiales de otros retablos. Paralelamente a estos trabajos, talló el baldaquino que durante décadas adornó la hornacina de la virgen del Pilar. En la década de 1940, construyó el retablo actual de la capilla de Nuestra Señora del Rosario para sustituir al que existía en ella desde el siglo XVII y que fue reutilizado para completar el retablo mayor. En 1946, confeccionó el armario- vestidor de la sacristía. A finales de la década de 1950, realizó el pequeño retablo de la Inmaculada que se colocó en la capilla que fue del Dulce Nombre. En él elaboró una armónica síntesis entre los materiales procedentes de otros retablos y los que talló para completar el conjunto.
En esa misma década, se le encargó la construcción del retablo de la capilla de Nuestra Señora del Carmen. Construyó la cancela de «la puerta de abajo» y restauró la de la puerta principal.
También compuso toda la carpintería del coro actual. De la obra que se sintió más satisfecho fue de la restauración del retablo mayor, en donde hubo de tallar varias piezas para su recuperación
y colocar el tramo de la parte superior. A esta tarea dedicó un importante esfuerzo, superando, además, una ciertafobia a las alturas.




















