Juan Antonio Sánchez. "El Fraguero del Santo Cristo".
El fragüero del Santo Cristo, Juan Antonio Sánchez Martínez, encarna desde hace casi ocho décadas la memoria viva de la forja artesanal en Totana, un oficio que convirtió en forma de vida y en legado familiar.
Juan Antonio Sánchez Martínez, conocido como “el fragüero del Santo Cristo”, lleva toda una vida dedicada a la forja artesanal, acudiendo cada día, a sus 87 años, a la misma fragua donde empezó como aprendiz. Una actividad que lleva ejer ciendo desde la temprana edad de 9 años, cuando cruzó por primera vez la puerta del taller. Sus inicios profesionales, si bien fueron prematuros, también resultaron imprescindibles porque el trabajo fue una necesidad en el seno de su familia. Con el tiempo, aquella necesidad se convirtió en pasión, identidad y toda una forma de amor hacia su familia y su pueblo.
Nuestro protagonista, Juan Antonio Sán chez, nació en una familia humilde, en una época en la que trabajar pronto no era una opción, sino una obligación para ayu dar en casa. Con apenas nueve años entró como aprendiz en la fragua del Santo Cristo, donde el calor del fuego y el eco del mar tillo marcaron para siempre el rumbo de su vida. En aquel pequeño taller, entre chispas y sombras, el niño que estudiaba a ratos en casa empezó a descubrir que el hierro podía moldearse al compás de su paciencia y su esfuerzo.
EL CERRAJERO DEL SANTO CRISTO
Totana le conoce como “el cerrajero o el fragüero del Santo Cristo”. Ese hombre se reno que ha pasado gran parte de su exis tencia al calor de la fragua trabajando con hierro, un material duro pero noble, al que él ha sabido dar formas llenas de belleza. Durante más de cuatro décadas ha trabajado en la fragua de la calle de la Balsa, junto al Santo Cristo, donde ha conjugado la sobriedad del oficio tradicional con la serenidady la calma que lo definen. Paciente, constante y minucioso, Juan Antonio ha convertido la forja en una prolon gación natural de sus manos.
En su trabajo mantiene el equilibrio en tre lo antiguo y lo contemporáneo: domina la técnica heredada de los viejos fragüeros, pero no ha dejado de adaptarse a los nuevos tiempos y a las necesidades de cada época. En las calles de Totana pueden encontrarse muchas de sus creaciones, rejas, barandillas y detalles de hierro donde se reconoce el ingenio y la dedicación que deposita en cada pieza. En su fragua, todavía se destila aroma a carbón y sabor a añosde oficio.
En un mundo de prisas y producción en serie, Juan Antonio representa a esos artesanos de los que hoy quedan muy pocos. Aquellos que entienden el tra bajo como un acto de paciencia y respeto por la materia. Juan Antonio nun ca ha dejado de aprender ni de exigirse a sí mismo. Prueba de ello es que a sus 87 años sigue acudiendo diariamente a su lugar de trabajo, demostrando que la pasión no entiende de jubilaciones ni de calendarios.
LA FRAGUA COMO HOGARY LA FAMILIA COMO OBRA MAESTRA
Pero si el taller es su segundo hogar, su gran obra se encuentra puertas aden tro: la familia que creó junto al amor de su vida. De esa unión nació un espacio lleno de amor, respeto y cariño, un refu gio donde sus hijos crecieron arropados por la misma calidez que desprende en la fragua. Para sus hijos, tenerlo como padre es “estar a otro nivel”: un ser especial, un hombre de luz, generoso hasta el extremo, cuya presencia convierte cualquier lugar en hogar.
Sus hijos lo describen como la esen cia pura del amor, un padre que ha sabido enseñar con el ejemplo, más que con las palabras. Gracias a él, comprenden qué significan las palabras dignidad, esfuerzo y bondad.
Cada día que vuelve a la fragua, ellos ven no solo al trabajador incansable, sino al corazón de la familia que late con la misma fuerza que el fuego del hogar.
En una fotografía tomada en su ta ller, se le ve rodeado de hierros, herra mientas y penumbra cálida: es el es cenario de toda una vida y, al mismo tiempo, un retrato íntimo de su ma nera de estar en el mundo. Quienes hicieron esa imagen supieron captu rar algo más que un oficio: captaron cómo la presencia de Juan Antonio convierte en hogar cualquier rincón que pisa. Por eso, sus hijos le dedican unas palabras que son al mismo tiem po crónica y declaración: “Papá, gra cias por darnos tanto y tan bueno”.




















