Julia Martínez. La vecina más carnavalera del municipio, conocida como -la reina del carnaval-, repasa su vida entre disfraces, música y el cariño de todo un pueblo

Julia Martínez. La vecina más carnavalera del  municipio, conocida como -la reina del carnaval-, repasa su  vida entre disfraces, música y el  cariño de todo un pueblo

Julia, de 69 años, nacida y vecina de Totana, lleva dos décadas haciendo del carnaval su escenario natural, donde baila, canta y contagia alegría a varias generaciones de totaneros. Nuestra protagonista asegura que “la vida es un carnaval” y promete seguir desfilando mientras el cuerpo aguante. Arropada por su familia y por las peñas, mantiene un vínculo inseparable con las fiestas del pueblo, desde el desfile de carnaval hasta la Navidady la Cabalgata de Reyes.

En Totana, basta mencionar a “la Julia” para que todo el mundo sepa de quién se habla. Ella misma se define así, “la Julia de Totana”, una mujer de 69 años que nació en el municipio y que ha convertido el carnaval en una parte esencial de su vida: pasión, diversión y gozo, como repite cada vez que habla de estas fiestas. Tanto es así que muchos vecinos la han bautizado como “la reina del carnaval”, mientras que su hija, Isabel, la llama “la Justin Bieber de Totana” y “la coloretes”, en referencia a su carisma y a las chirigotas que tanto le gustan.

Su historia en el desfile de carnaval comenzó hace unos veinte años aproximadamente, cuando decidió vestirse de caperucita roja con una versión moderna del disfraz (canas tillo de mimbre incluido). Aquel año solo pensaba en salir vestida, pasear y disfrutar, pero, de forma improvisada, algo le salió “del alma” y decidió entrar en escena y bailar. Desde ese momento, asegura que no ha habido marcha atrás: aquella espontaneidad se convirtió en una costumbre que se repite año tras año.

Con el tiempo, ha descubierto qué es lo que más la engancha de estas fiestas: la alegría, la música, el baile y el simple hecho de vivir y disfrutar el momento. Entre sus recuerdos también figura el nombramiento como Reina de las Fiestas de la Tercera Edad, un título que ya ostentó con mucha ilusión. Antes de la pandemia, su presencia también se dejaba notar en el bingo, donde repartía cartones, o en el desfile huertero, en el que participó vestida de segadora con ropajes improvisados, un papel que desde hace un tiempo desempeña con un vestido reglado hecho reservado para ella.

LOS DISFRACES DE UN SUEÑO CUMPLIDO

Para Julia, el carnaval no termina cuando se apagan las luces del desfile. Apenas acaba una edición, ya está pensando en el disfraz del año siguiente: ideas, colores, complementos y detalles que encajará con la ayuda de su familia. En ese proceso, su gran aliada es su hermana Lali, siempre disponible para todo lo que necesita, desde la confección del traje hasta el maquillaje, pasando por los accesorios que rematan su presencia en la calle.

Intenta guardar todos los disfraces, aunque reconoce que algunos se rompen y resulta imposible conservar los. Entre todos, destaca dos muy es peciales. El primero fue un vestido de Sissi Emperatriz, que pudo tener gra cias a Lali y que llevaba tiempo imaginando. El segundo, especialmente llamativo, fue un traje elaborado con cupones de la ONCE, cien por cien artesanal, que preparó durante meses (o incluso un año entero) junto a su sobrina Cati, quien dedicó esfuerzo y tiempo para que el resultado fuera tan vistoso como inolvidable.

BAILAR SIN COREOGRAFÍA Y CONTAGIAR SONRISAS

Quienes acuden al carnaval de Totana la tienen perfectamente ubicada: suele aparecer bailando detrás de las comparsas, dejándose llevar por la música, sin pasos marcados ni coreografías ensayadas. Ella mis ma explica que es espontánea por naturaleza, que no prepara sus movimientos y que solo se deja guiar por el ritmo para disfrutar del momento.

Antes de salir de casa y de que suene la primera canción en la calle, con fiesa que ya empieza a cantar porque “lleva el ritmo dentro”.

Cuando comienza el desfile, dice sentir el carnaval como su vida misma. Le encanta bailar y, mientras recorre el desfile, recibe aplausos, ánimos y peticiones de fotos de vecinos y visitantes. Muchas personas le han asegurado que la recuerdan bailando desde que eran pequeños y que, ahora de adultos, siguen esperando verla en cada edición, algo que para ella es una muestra de cariño que agradece profundamente.

“Mis ganas de vivir, disfrutar y hacer sonreír a la gente es lo que me gustaría que recordaran de mí cuando piensen en el carnaval de Totana”

Pero ese reconocimiento ha ido más allá de la calle y ha saltado al espacio digital. Hace unos meses, una iniciativa espontánea en redes sociales quiso rendirle homenaje. Su sobrino Juan escribió en Facebook unas palabras muy sentidas, que le leyeron en casa junto con los comentarios de muchos vecinos y vecinas del pueblo. Julia se emocionó al escuchar tanto afecto, y considera que cada mensaje, cada aplauso y cada sonrisa son un gran homenaje en sí mismos.

EL ESFUERZO DETRÁS DE LA SONRISA

Aunque en el desfile siempre se la ve radiante, Julia convive con la diabetes y recorre el desfile completo cada año. Para hacerlo, cuida su alimentación antes de salir, procurando que no le baje el azúcar, y durante el recorrido las peñas la abastecen con lo que necesite, desde caramelos hasta pequeños gestos de atención que le permiten aguantar el ritmo. Ella agradece de corazón ese apoyo y ese aprecio que le brindan.

Cuando le preguntan si alguna vez ha pensado dejar el carnaval, responde con rotundidad que “nunca”: “La vida es un carnaval y mientras pueda seguir desfilando... lo haré”, afirma Julia, repitiendo una frase que se ha convertido casi en su lema personal. Además, tiene claro que quiere ser “infinita”, una expresión con la que resume su voluntad de mantenerse presente en las fiestas mientras el cuerpo se lo permita.

“La vida es un carnaval y mientras pueda seguir desfilando... lo haré. Yo voy a ser infinita”

Ese espíritu también ha sido reconocido institucionalmente. El pasado 8 de marzo, el Ayuntamiento la distinguió como una de las mujeres que han contribuido a una sociedad más libre e igualitaria. Ella recibió el galardón como una valoración a su entusiasmo, sus ganas y su esfuerzo. Pero no solo de ella, sino de todas las mujeres homenajeadas. A quienes impulsaron la propuesta, les repite su agradecimiento, extensivo también a la gente de Totana que le muestra su apoyo tanto en redes como, sobre todo, cara a cara.

MÁS ALLÁ DEL CARNAVAL: UN PUEBLO EN FIESTA

El calendario festivo de Julia no se limita al carnaval. Muchos vecinos la localizan también en las celebraciones navideñas, en la Cabalgata de Reyes o acompañando a Papá Noel, porque a ella le entusiasma participar en la vida festiva de su pueblo. “Soy de este pueblo, Totana”, recuerda, y por eso dice disfrutar intensamente de cada fiesta en la que toma parte.

Su relación con las chirigotas también ha dejado momentos memorables. ‘La Banda del Mazapán’ llegó a componer una chirigota en su honor e intentaron sorprenderla en varias ocasiones: primero, el grupo interpretó la chirigota en The Rock Café y Julia se enteró a través de un vídeo (al no poder asistir al local). Hubo una segunda vez donde intentaron mostrar a Julia su obra, pero coincidió con el día del desfile. Finalmente, pudieron encontrarse en el Luismi (tras una visita sorpresa de Antonio, miembrode la banda, en casa de Julia), donde la invita ron a comer y le cantaron la chirigota en persona. En aquel encuentro, todos los miembros de ‘La Banda del Mazapán’ llevaban una foto suya. Julia pasó todo el día con ellos, disfrutando y compartiendo.

Cuando piensa en el legado que le gustaría dejar, lo resume en algo sencillo pero profundo: quiere que la gente recuerde sus ganas de vivir, de disfrutar y de hacer que quienes la vean puedan sonreír, desconectar y gozar del momen to festivo tanto como ella. Y es que, si el carnaval de Totana tuviera que elegir un símbolo humano, muchos vecinos tendrían claro que esa figura sería “la Julia”, la mujer que convirtió el desfile en una forma de vivir la vida.