La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.

La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.
La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.
La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.
La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.
La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.
La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.
La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.
La cuerda de la túnica. Josefina Romero Corbalán elabora con esmero este singular elemento, por entretenimiento y por mantener esta tradición única.

Principal y típico elemento de la Semana Santa de Totana es, sin duda, la indumentaria nazarena. La túnica negra y el capirote rizado son dos de sus señas de identidad. Para completar el atuendo, la cuerda, de diferente longitud, según la altura del nazareno, con sus borlas, es también un componente característico.

La confección de este representativo accesorio es un trabajo laborioso y delicado que lleva mucho tiempo de dedicación. Josefa Romero Corbalán es una de las personas que todavía continúan en Totana con la tradición de confeccionar cuerdas para la túnica de nazareno, un trabajo que hace como afición pero al que reconoce, “hay que dedicarle mucho tiempo”. Josefa, o Fina, como la suelen llamar, se ha dedicado toda su vida a trabajar en el comercio familiar de papelería, juguetes y golosinas, Hermanos Romero.

 Este establecimiento, en funcionamiento desde hace 57 años, estaba ubicado inicialmente en la calle Cartagena y posteriormente, se trasladó a su actual emplazamiento, en la calle Salvador Aledo. Junto a su hermano, Fina se dedicó profesionalmente toda su vida a atender este establecimiento comercial, al frente del cual están ahora sus sobrinos, que atienden la juguetería y papelería. Ella, aunque ya está jubilada, se acerca cada día al que fuera su negocio y pasa largos ratos allí, por el gusto de acompañar a su familia en el comercio en el que tantos años estuvo trabajando.

 La Semana Santa es una celebración que le gusta mucho a Fina, que desde siempre ha pertenecido a la Hermandad de Santa María Salomé. De hecho, no pocos años se ha vestido de nazarena para acompañar a su Hermandad en las procesiones, algo que ya hace años que no continúa, sobre todo porque por problemas de rodilla, ya no puede andar mucho recorrido o permanecer demasiado tiempo de pie.

Se muestra orgullosa de ser una de las personas que todavía mantienen viva la tradición de confeccionar cuerdas de nazareno. En este sentido, comenta que cuando era solo una adolescente le enseñó una chica que acudía a la tienda y poco a poco le cogió gusto a realizar este tradicional elemento. Durante todos estos años ha confeccionado cientos de cuerdas, que muchos nazarenos totaneros lucen en Semana Santa.

Confecciona cuerdas tanto de hilo como de lana, tanto las típicas de color negro como en los colores de las hermandades. A este menester le dedica en la actualidad, por afición, bastantes ratos, tanto en su propia casa como en el tiempo que pasa en el que fuera su negocio. Confiesa que en la elaboración de una cuerda se tarda mucho tiempo, aunque lo hace con agrado porque es su afición, “como la de las personas a las que le gusta por ejemplo hacer encaje de bolillos”, comenta. Sobre las cuerdas, señala que las que más se solicitan son las tradicionales negras de hilo, si bien también hay muchas personas que piden de color por encargo, para llevar el tono de su hermandad.

 En este sentido, comenta que ha confeccionado de todas las hermandades y cofradías totaneras. Como anécdota, recuerda que una vez confeccionó, por encargo de un vecino, una colección de cuerdas con los colores de cada hermandad. A la hora de realizarlas, explica que primero hay que hacer las borlas, que se realizan cosiendo una tira de hilo o lana a la que se le da la forma redonda. Posteriormente va engarzando todas las borlas para confeccionar el pompón. Y después, se va haciendo la cuerda, que en el caso de las de hilo, llevan unas maderas o carrete en su interior.

Las cuerdas que realiza son de diferentes tamaños, ya que ha elaborado desde las de niño pequeño hasta las de adulto. La técnica de la confección es la misma, lo único que cambia es la longitud, que en el caso de las de niños suelen ser de dos, tres o cuatro carretes, mientras que en el de los adultos son de cinco o hasta seis.

Para niños ha hecho muchas cuerdas que le encargaban como regalo para recién nacidos o también como detalle al tomar la Primera Comunión. En cuanto a los materiales, comenta que las cuerdas de hilo las hace con uno de grosor del número cinco, mientras que en el caso de las de lana, utiliza una que sea de buena calidad y fina, para que quede mejor. Sobre el tiempo que le dedica a cada cuerda, dice que la gente no imagina lo que cuesta hacer este elemento: “Yo lo hago porque me gusta y me entretiene, pero lleva mucho trabajo.

 La gente no sabe todo el tiempo y esfuerzo que hay que dedicar para elaborar una cuerda”. En este sentido, comenta que el precio al que se vende habitualmente una cuerda en cualquier establecimiento no cubre el trabajo que le dedica una persona para hacerla. Por su parte, en su caso comenta que las de hilo negro le resultan más difíciles de hacer, por el grosor del hilo que hay que manejar y además, señala que cada vez le cuesta más hacerla porque con la pérdida de vista por la edad, resultan más complicadas.

 Aunque todo el año confecciona cuerdas, que entrega a sus sobrinos para que estos puedan exponer en su tienda, reconoce que cuando se acerca la fecha próxima a la Semana Santa es cuando más gente se interesa por este tradicional elemento. Ella misma tiene su cuerda negra y otra que se hizo del color de la Hermandad de Santa María Salomé, al igual que sus sobrinos, que también pertenecen a la misma y a los que también ha realizado cuerdas.

La Semana Santa es una celebración que le gusta especialmente y aunque ya no participa en las procesiones, sí le gusta verlas salir y recogerse. De los actos de la Semana Santa totanera no se decide por uno en concreto, ya que confiesa que todos le agradan y comenta que no deja de ir a los Santos oficios y también vive con especial sentimiento la misa de Domingo de Resurrección.

 Comenta que, aunque ya la vista le falla, sigue haciendo cuerdas sobre todo por mantener una tradición y una labor a la que cada vez se dedican menos personas en Totana. En este sentido, señala que los jóvenes es difícil que quieran seguir esta tradición, a la que hay que dedicar mucho tiempo, y se lamenta de que en un futuro quedará muy poca gente que lo haga. De momento, Fina, mientras tenga tiempo, ganas y la vista se lo permita, seguirá, por entretenimiento y afición, pero también sabiéndose continuadora de una tradición que le hace sentirse orgullosa. Y puede estarlo, sabiendo que no pocos nazarenos pasean actualmente y lo harán en semanas santas del futuro, con cuerdas que ella misma ha realizado.

Totananoticias.com