LOS COMUNISTAS, EL ABORTO Y LA MADRE QUE LOS PARIÓ. (Artículo de opinión de Juan Carlos Carrillo)

LOS COMUNISTAS, EL ABORTO Y LA MADRE QUE LOS PARIÓ. (Artículo de opinión de Juan Carlos Carrillo)
En España tenemos miles y miles de leyes locales, regionales y nacionales. Si alguien tiene el valor de decirme una, donde el aborto sea un derecho y no una práctica que pueda desarrollarse en ciertos supuestos y plazos. Le invito a comer donde quiera. 
En la Rusia soviética, tras el triunfo de la Revolución bolchevique, llegó la innovación sobre la cuestión del aborto con una resolución favorable al mismo. En noviembre de 1920, mediante una Orden de los Comisarios de Justicia, Dmitry Ivanovich Kursky, y de Salud, Nikolai Aleksandrovich Semashko, se aprobó oficialmente el aborto, por lo que la Rusia bolchevique se convirtió en el primer país del Mundo en permitir el aborto. De esta manera, el decreto “sobre la interrupción artificial del embarazo” de ese año 1920 levantó la prohibición de los abortos que existía en la Rusia zarista.
Sin embargo, pronto empezaron a aparecer los problemas. Una de las primeras consecuencias negativas de la medida implantada por los bolcheviques fue que se dispararon los embarazos extramaritales y los abortos empezaron a convertirse en una rutina común peligrosa. Los datos estadísticos de 1926, en Leningrado, mostraron que solo el 42% de las mujeres que quedaron embarazadas decidieron dar a luz, el resto había interrumpido el embarazo. La situación en las aldeas soviéticas, lejos de las grandes ciudades, no fue mucho mejor.
Al ritmo de abortos que se estaban produciendo en la Unión Soviética los gobernantes del país llegaron a la conclusión de que la nación llegaría al borde del colapso demográfico y, en la práctica, se extinguiría. Y en tiempos de amenazas militares o contrarrevoluciones internas llevadas a cabo por elementos conspiradores esto no podía ser permitido. Además, el desarrollo del ejército, la industria, la agricultura y demás fuerzas productivas era imposible sin un aumento constante de la población.
La práctica de los abortos en la URSS llegó a un punto en que la situación era ya incontrolable y además las interrupciones de embarazos estaban diezmando la natalidad en el país, lo que llevó a las autoridades soviéticas a hacerse con el control demográfico mediante la decisión de imponer una prohibición en los años treinta, con Stalin en el poder, puesto que no se podía continuar con el procedimiento implementado a finales de 1920 por Lenin, debido a las razones antes expuestas.
Trotsky y muchos bolcheviques consideraban entonces, al inicio de los años 20, y con razón, que la familia (en el contexto del sistema opresivo feudalista ruso de la época) era una institución arcaica donde la mujer de clase trabajadora realizaba trabajos forzados desde la infancia hasta la muerte. Según Trotsky el nacimiento de un hijo era para muchas mujeres una grave amenaza para su posición y por ello “el poder revolucionario les dio a las mujeres el derecho a un aborto que, en condiciones de necesidad y opresión familiar, es uno de sus derechos civiles, políticos y culturales más importantes”.
No obstante, pronto se suscitó entre los bolcheviques un desafío ideológico en la cuestión del aborto. De un lado, De un lado, Stalin mostró su oposición al aborto, y del otro, Trotsky y Lenin eran firmes partidarios del aborto y contrarios al control estatal de los índices de natalidad. Así pues, dentro de la plataforma bolchevique, originalmente leninista, había dos sectores contradictorios y enfrentados entre sí cuyas disputas llegaron hasta los años 30 y supusieron una división dentro del bolchevismo a lo largo de dos trincheras ideológicas, en la que una de ellas proclamaba que la familia debía ser la célula de la sociedad socialista y, por tanto, debía estar protegida, y la otra defendía la abolición de dicha institución familiar.
De este modo, y dada la difícil situación demográfica del país, un Decreto del Comité Ejecutivo Central y el Consejo de Comisarios del Pueblo de la URSS, de 27 de junio de 1936, “a petición de los trabajadores”, y firmado por Mijail Kalinin, obligó a prohibir los abortos con la excepción establecida de que:
“El aborto solo se permitirá en los casos en que la continuación del embarazo sea una amenaza para la vida o amenace con un daño grave a la salud de la mujer embarazada, así como la presencia de enfermedades hereditarias de los padres y solo en el contexto de que se lleve su práctica en hospitales”.
La restricción del aborto en 1936 supuso que las tasas de fertilidad en la URSS volvieran a aumentar significativamente (la tasa de crecimiento poblacional fue de 21,2%, lo cual fue un indicador muy serio) que superaba las cifras del Imperio ruso a principios del siglo XX (el 9,3%), teniendo en cuenta que la tasa de fertilidad total disminuyó constantemente a partir de 1920. Y esto a pesar de las pérdidas terribles producidas durante la II Guerra Mundial (la Gran Guerra Patriótica). Esto demostró el éxito de la administración Stalin en los procesos demográficos.
El Decreto Stalin sobre la prohibición del aborto no era la panacea para corregir, por sí solo, la pobre situación demográfica en la Unión Soviética sino que dicha medida contenía otras complementarias. Entre ellas, figuraban en la Resolución:
- Reforzar el papel nuclear de la familia en la sociedad soviética
- Aumentar, como se ha dicho antes, los requisitos para demandar procesos de divorcio
- Incrementar la asistencia económica a las mujeres en el trabajo
- Establecer ayudas estatales multifamiliares
- Ampliar la red de hogares de maternidad, guarderías y jardines de infancia
- Incremento de las sanciones penales por impago de pensión alimenticia de los padres a los hijos en caso de divorcio.
De todo lo anteriormente expuesto se puede extraer una lectura bastante clarificadora: la implementación del aborto en la URSS impulsada por Lenin, Trotsky y Khruschev fue un fracaso sistémico, digan lo que digan los defensores de la política leninista-trotskista sobre los “derechos reproductivos” de las mujeres, mientras que Stalin y su equipo eligieron la dirección correcta (con todas las deficiencias y efectos no deseados que surgieron con la aplicación del Decreto Kalinin).
Juan Carlos Carrillo
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