Una afición a lo grande El joven totanero León César Rubio Fernández está en la actualidad realizando un puzzle de 42.000 piezas.

Una afición a lo grande El joven totanero León César Rubio Fernández está en la actualidad realizando un puzzle de 42.000 piezas.
Una afición a lo grande El joven totanero León César Rubio Fernández está en la actualidad realizando un puzzle de 42.000 piezas.

Aunque diga que no es especialmente paciente, no cabe duda que la afición que desde pequeño cautiva a León César Rubio Fernández requiere de grandes dosis de paciencia. Y es que, no todos seríamos capaces de enfrentarnos con serenidad a la tarea de hacer un puzzle gigante de miles y miles de piezas. León tiene 24 años y tras estudiar hasta cuarto de la ESO en el colegio La Milagrosa, continuó formándose en un grado medio en el Instituto Prado Mayor y de ahí pasó al IES Ramón Arcas de Lorca, donde completó un grado superior de Administración y Finanzas.

Al terminar su Trabajo de Final de Grado obtuvo una beca de Cajamar para realizar unas prácticas y posteriormente ha continuado en esta misma entidad, donde actualmente trabaja cubriendo una sustitución en una oficina de Lorca.

 Entre sus aficiones destaca que toda su vida ha jugado al fútbol, primero en la Escuela de Fútbol Totana, luego en Lorquí y finalmente en Lorca, donde ya dejó la práctica activa de este deporte por una lesión. Pero sin duda, su mayor afición, la que le atrapa desde que era solo un niño, es la de hacer puzzles, y a la que llegó casi por casualidad, recuerda, al tocarle uno de estos juguetes pequeños en el regalo sorpresa de un Huevo Kinder.

 El primer puzzle ya más complejo que recuerda haber hecho fue uno de 500 piezas con temática de la película Toy Story, que hizo cuando tenía unos 7 años. Dice que cada vez le gustaban más los puzzles y de hecho comenta que tal era su afición que él siempre pedía uno cuando alguien le tenía que hacer un regalo. Con 11 años recuerda construir uno de 1.000 piezas que representaba un paisaje de Nueva York, y que tuvo sin embargo más complejidad que otros con mayor número de piezas que hizo posteriormente.

 Entre los puzzles que ha montado, también recuerda uno que le gusta especialmente, que representaba 12 maravillas del mundo y que tenía 2.000 piezas, a pesar de lo cual lo culminó en solo dos semanas. A continuación hizo otro de una noche estrellada, que a pesar de tener solo 1.000 piezas, recuerda que le costó especialmente y tardó un mes en hacerlo, pues se desesperaba y pensaba que no podría acabarlo. Y es que explica que a veces la dificultad no la entraña solo el número de piezas, sino también la imagen que representa, los matices de los colores...

Cuando llegó la etapa de la irrupción del COVID recuerda que se había comprado tres días antes un puzzle de 3.000 piezas sobre un atardecer en Nueva York, que con el confinamiento acabó en sólo una semana. Una vez finalizado, decidió comprarse otro por internet, esta vez de 6.000 piezas. Este año, se ha lanzado a un reto de mayor envergadura, pues en abril se compró e inició el puzzle de mayor tamaño que ha hecho hasta el momento, de nada más y nada menos que 42.000 piezas, cuya compra le ha costado unos 350 euros, y que espera terminar para principios del mes de octubre.

En él se representan diferentes emblemáticos edificios del mundo y actualmente lleva montado ya aproximadamente la mitad. Su objetivo es poder dejarlo montado y con algún material protector, una vez acabado, en una pared o en el suelo de su futura casa, aunque dadas las dimensiones sabe que no será fácil lograrlo. Sobre esta afición que le atrapó desde hace más de una década, confiesa que “la gente piensa que soy muy paciente o tranquilo, pero la verdad es que no tengo demasiada paciencia en el día a día, aunque sí la tengo para hacer puzzles”. Comenta que, al hacer el puzzle, no se coloca delante una imagen del mismo terminado como guía, sino que su técnica se basa sobre todo en ir eligiendo piezas en función de los colores y que suele tener retentiva visual. Señala que cuando adquiere un puzzle de muchas piezas como ha sido este caso, lo que hace es separar éstas por colores y colocarlas en diferentes cajas, para que le resulte más fácil ir eligiéndolas.

Explica que todos los días suele dedicarle un rato a montar parte del puzzle, en especial por la tarde o noche: “Le suelo dedicar más de una hora, con música relajante, y la verdad es que se me pasa el tiempo volando”, detalla.

Cuando ha terminado puzzles de gran tamaño indica que le embarga una sensación de gran alegría: “Al poner la última pieza se siente como un gran alivio, dan casi ganas de llorar al haber terminado algo a lo que le has dedicado tiempo y que te gusta ver acabado”. Entre las anécdotas que le han pasado todo es tiempo, recuerda por ejemplo cuando estaba con un puzzle de 6.000 piezas y ya solo le quedaban 34 huecos por rellenar y se dio cuenta que sólo disponía de 33 piezas.

Señala que después de buscar mucho por toda la casa encontró la pieza perdida y emocionado pudo acabarlo, aunque se le hicieron las cinco de la mañana. También rememora cuando un puzzle ya completado que guardaba en la antigua casa de su abuelo, un día que fueron a la vivienda para llevarse de ella cosas pues se iba alquilar, se cayó al suelo y se desmontó todo y tuvo que volver a construirlo. Y aunque en su familia es el único aficionado a hacer puzzles, recuerda que como sorpresa cuando su hermana se casó, le fue dejando piezas sueltas en el buzón de su casa, que al unir y montar resultaba ser una fotografía de ella y su novio el día de la boda en La Santa.

Cuando concluya el puzzle en el que actualmente está inmerso, ya piensa en que el siguiente reto que le gustaría acometer sería llegar a montar el más grande que hay en la actualidad, que tiene 55.000 piezas, y que explica que sólo ha terminado un alemán. Desde luego, todo un desafío pero que a buen seguro si se propone culminará también sin problema. De momento, eso sí, este joven totanero va paso a paso y dedica cada día un rato de su tiempo para unir piezas del puzzle en el que actualmente está embarcado, y que ya da vértigo pensar que está formado por 42.000 piezas.